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Mildred Niño

La Excursión de Lalita




Lalita era una mosca que apenas estaba dejando la niñez, se destacaba por ser inquieta y muy curiosa, siempre estaba aplicando el método científico a todo lo que se encontraba, sentía una gran satisfacción cuando podía comprobar que una hipótesis era verdadera. Lalita vivía con su madre, su abuelo y sus ochenta hermanos, eran los que quedaban, pues su madre había tenido quinientos huevos inicialmente, pero ser mosca era difícil y la supervivencia requería de ciertas habilidades, junto con múltiples precauciones. O por lo menos, eso era lo que siempre decía su madre, quien a pesar de ser muy amorosa, también estaba llena de miedos, transmitiéndoselos a sus hijos a través de una serie de reglas y prohibiciones que ninguno de los ochenta y un hermanos sin excepción podían incumplir.



Pero Lalita encontraba en su abuelo un cómplice para todas sus pilatunas y se pasaba horas oyendo las historias que el viejo le contaba, le hablaba de cuando él había visitado un campo de lavanda, peleas con libélulas y peligrosas expediciones al sitio prohibido. Este lugar censurado por la madre mosca era descrito por su abuelo como un mundo de tesoros al que los humanos llamaban cocina.



La familia de Lalita vivía en el patio de una casa ubicada en los suburbios de ciudad capital, allí cerca a la basura era el mejor sitio para vivir, pues tenían fuente de comida constante y se mantenían alejados de humanos y sus venenos. La madre de Lalita tenía prohibido a sus hijos entrar en la casa de los humanos, bajo ninguna circunstancia esto era aceptado, pues se podía entrar pero no salir.



Una tarde en que la madre mosca llevó al abuelo a una cita médica, Lalita deambulaba por el patio, era la quinta vuelta que le daba y se moría de aburrimiento, entonces vio que la puerta trasera de la casa estaba abierta, sus ojos se iluminaron como si hubiera visto un helado con tres bolas de chocolate. Tuvo la brillante idea de hacer una expedición a la cocina, tenía que aprovechar que su madre no estaba y que demoraría un buen tiempo en regresar, así que en una mochila alistó una botella de agua, una linterna, una soga, una lupa, una navaja suiza, por supuesto, se puso un sombrero estilo scout y salió con la determinación de conquistar el mundo, o bueno, por lo menos abarcar el primer piso.



No había recorrido el primer metro de la casa cuando la puerta se cerró tras ella, un escalofrío la recorrió de patas a alas, estaba experimentando un vacío en el estómago que nunca antes había sentido, era miedo. En su cabeza oía las palabras de su madre «Lalita la casa es un sitio muy peligroso, prométeme que nunca entrarás allí», pero sacudió su cabeza como si con este movimiento disolviera aquellos pensamientos. Continuo su vuelo sin novedades hasta que llego al sitio más increíble que había visto en su corta vida, era un espacio grande con una ventana mediana que permitía que el cuarto se iluminará parcialmente, las paredes eran de color durazno y una de ellas estaba decorada con un papel tapiz de rosas rojas.



En la mitad había una mesa sencilla con cuatro asientos y sobre ella había un plato con sobras de lo que parecía un pie de frambuesa, del horno salía un olor a pan que inundaba todo el recinto. Lalita creyó desmayar de felicidad, era la cocina, tenía que ser la cocina, pensó que su madre era una tirana, cómo había podido prohibirles ir allí, si ese sitio era la gloria, había fruta fresca y no podrida como la que ellos siempre comían, había agua limpia, migajas por doquier, pan recién hecho blando y no duro como los que servían en sus cenas.



Mientras Lalita surfeaba en un océano de comida, un niño entró a la cocina, abrió el refrigerador y se quedó mirando fijamente el aparato, movió algunos recipientes pero parecía no decidirse por ningún bocadillo, entonces Lalita vio como si la luz de un faro la guiará a otro paraíso, alcanzo a ver que en esa caja rectangular color plateada había más comida, entonces no pudo evitarlo y voló directamente al refrigerador. En ese instante, el niño saco una lonja de queso y cerró la puerta, Lalita quedó atrapada allí.



Al principio Lalita se sintió en el cielo, tomó jugo que había en un recipiente, probó por primera vez en su vida el jamón, pico aquí y allá, estaba tan feliz que no percibió el frío. Cuando se sintió llena decidió que debía volver a casa e intentar llevar algo de aquellas maravillas a su madre y a sus hermanos, voló por todo el refrigerador varias veces sin encontrar salida alguna. Empezó a sentir el frío, «No quiero morir congelada», se dijo a sí misma, entonces sus alas no respondieron a la orden de volar, se sentó en una presa de pollo y empezó a llorar.



De pronto la puerta se abrió, Lalita alcanzó a ver a su madre afuera revoloteando y con esa imagen en su mente reunió todas sus fuerzas para poder volar, sus alas no reaccionaron. En un segundo, mamá mosca entró al refrigerador y sacó a Lalita sin que el humano parado allí en la puerta la viera.



Cuando Lalita abrió sus ojos se encontraba en su cama, buscó desesperadamente a su madre, voló hacía ella, la abrazó muy fuerte y le dijo: la próxima vez que vaya de expedición te llevaré a ti como guía, te amo mamá.






Espero hayas disfrutado de este relato y lo compartas, tal vez puedes leerlo en la noche a tus hijos antes de dormir y pregúntales si les gustó o que entendieron, seguro ellos te sorprenderán.

- Mildred Niño -


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