La Niña del Sombrero Amarillo





En una granja lechera vivía una niña juguetona e inteligente, que siempre usaba un sombrero amarillo y cuya mejor amiga era la vaca Lorenza, la más joven de toda la granja. Todos los días la niña se levantaba, corría a ponerse su sombrero amarillo y le llevaba una manzana a Lorenza, la cual se la comía de un solo bocado y en señal de agradecimiento se dejaba acariciar por la pequeña. En la tarde las dos amigas salían a dar un paseo por los alrededores de la granja, algunos días iban a una pequeña colina donde la niña corría, saltaba y se deslizaba, mientras Lorenza la observaba y hacía un ruido cada vez que a la niña se le caía el sombrero. Otros días caminaban hasta otra granja, donde eran amigas de los dueños y las recibían con torta de zanahoria, que ambas, tanto la niña como la vaca se comían con gran placer. En las noches la pequeña leía un cuento a Lorenza, cuando lo finalizaba hacía miles de artimañas para quedarse a dormir en el establo junto a su amiga, pero su madre no lo permitía.





Cierto día de verano, la niña decidió ir al río a bañarse un rato, pues el calor era insoportable, se puso su sombrero amarillo, el cual adornó con una pequeña flor de su jardín y se llevó a Lorenza. Cuando llegaron al río, la niña se quitó el overol que llevaba puesto, quedándose solo con camiseta y pantaloncitos, ingresó al agua, mientras Lorenza comía pasto en la orilla sin quitarle los ojos de encima a su pequeña amiga.





El agua estaba deliciosa, así que la niña se sumergió, olvidando que aún llevaba el sombrero. Cuando salió a la superficie, el sombrero ya estaba siendo arrastrado por la corriente, la niña nadó para alcanzarlo, pero no lo logró. La pequeña lloró desconsolada toda la noche, pues el sombrero lo había tejido su abuela y era el único recuerdo que tenía de ella.





A la mañana siguiente, la niña a pesar de estar triste se dirigió a buscar a Lorenza para llevarle su manzana, pero tal fue su sorpresa al no encontrar a la vaca por ningún lado. La niña decidió ir a buscar a Lorenza fuera de la granja, tomando el camino hacia la colina, había avanzado unos pocos metros cuando vio que su amiga de cuatro patas venía por el sendero proveniente del río con el sombrero en su boca.





La niña estaba tan contenta que se comió todas las verduras al almuerzo sin protestar, no se despegó de Lorenza en toda la tarde y esa noche su madre le permitió dormir en el establo, por una única vez.




Espero hayas disfrutado de este relato y lo compartas, tal vez puedes leerlo en la noche a tus hijos antes de dormir y pregúntales si les gustó o que entendieron, seguro ellos te sorprenderán.



- Mildred Niño -




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Amelie

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