El Secreto de La Posada Rossa



El elegante profesor universitario, Carlo Casseroli, se encuentra sentado en su restaurante favorito. En la mesa se ve solo una copa de vino tinto y él se encuentra leyendo “Desgracia” de J.M. Coetzee. El sitio es un sobrio bistro en el centro de Parma, se llama La Posada Rossa, reconocido en toda la ciudad por preparar el mejor stracotti, guiso de ternera con vino, de la ciudad. Sus dueños, los Ricci, una pareja de unos sesenta años han sido amigos de Carlo desde hace muchos años.


El profesor observa desde su mesa a los otros comensales, le llama la atención una mujer sentada sola a unas dos mesas de la de él. Ella se ve concentrada en su comida, no mira para ningún lado, parece disfrutar su plato. Carlo le envía una botella de Malvasia, vino blanco propio de la región. La mujer acepta la botella y posteriormente la compañía del profesor. La noche se alarga hacia el departamento de la signorina, donde ambos disfrutan de sexo en su más pura expresión.

Esta rutina la hace el profesor Carlo cada viernes. No tiene a nadie quien lo espere en casa, así que dedica esta sola noche de la semana a saciar sus instintos básicos.


Al siguiente viernes el bistro está lleno, no hay mesas disponibles, por supuesto Carlo tiene su mesa reservada. Se sienta en la mesa número tres, deja el abrigo Hugo Boss sobre el asiento contiguo, pide una copa de vino tinto y saca un libro de su maletín. Nota que los Ricci hablan con una mujer en el bar. Ella es alta, delgada, con unas finas facciones. Definitivamente es una mujer que llama la atención de los hombres.


Carlo envía una botella del mejor vino del lugar a la dama del bar. La mujer levanta la mirada hacia la mesa número tres y hace un gesto de negación con la cabeza. El mesero le comunica a Carlo la decisión de la mujer, este se revuelve incómodo en su asiento. Es la primera vez que esto le sucede, debe cambiar de táctica rápidamente. Decide acercarse al bar.


Los Ricci le presentan a la chef Laura Pietro a Carlo, es una reconocida crítica gastronómica del país.


—Disculpe que no haya aceptado la botella de vino, pero estoy trabajando —se apresura a decir Laura mientras retoma la lectura del menú.


—Disculpe, no lo sabía. Desde mi mesa se veía un poco aburrida, solo quería conversar un poco —responde Carlo.


—¡Pero bueno Carlo, cómo que aburrida! Le estábamos contando la historia del bistro —dice el señor Ricci y todos ríen.


—¿Así que es usted muy amigo de los Ricci? —pregunta Laura sorpresivamente.


—Sí, desde que yo estaba estudiando en la universidad —responde Carlo.


—De seguro debe conocer el secreto de la stracotti, los Ricci no me lo han querido decir —dice Laura en un tono divertido.


Carlo lanza una mirada de reojo a la señora Ricci y esta a su vez mira de soslayo a su marido.


—¿Qué estaría dispuesta a hacer para saberlo? —pregunta Carlo, con su cara impasible.


—Podría aceptar una copa de ese vino que me ofreció hace un rato —contesta Laura.


—Eso tendrá que esperar un poco, la señorita Pietro debe primero acabar su trabajo —dice la señora Ricci.


Carlo espera hasta que Laura termina de entrevistar a los Ricci y prueba varios platos del menú. Es tarde y falta poco para que el bistro cierre, por lo tanto Carlo aprovecha para llevar a Laura a su apartamento en el piso quince.


—Vístete, te llevaré a conocer el secreto de la stracotti —dice Carlo en forma apresurada.


Media hora después se encontraban frente a La Posada Rossa. Entraron por la puerta de atrás, Carlo encendió las luces de la cocina, se quitó el abrigo metódicamente, dejándolo en una silla tan liso que parecía recién salido de la lavandería.


Laura lo miraba pensando que en la cama era todo lo contrario, cero control, cero orden. Carlo se acercó por detrás, puso su boca en su oreja, ella sintió un escalofrío recorriendo su cuerpo de arriba a abajo.


—El secreto eres tú —dijo Carlo, mientras encendía el molino de carne.




STRACOTTI GURMET EN SACO DE PASTA




PREPARACIÓN DE LA RECETA "STRACOTTI"