Las Hermanas Gutiérrez - Harina y Azúcar

1.er Trilogía de Relatos

Por Mildred Niño





PARTE 1

Harina y Azúcar




Dos días después del funeral de mi madre, Elsa y yo salimos en las noticias. Nuestros nombres aparecieron en letra mayúscula y roja en los periódicos amarillistas de Cali. Elsa era mi hermana mayor, me llevaba dos años.


Recuerdo que perdí mi virginidad a los quince años con Andrés Rosales, el chico más apuesto del colegio. Estábamos de fiesta en casa de una compañera de mi curso, Elsa cuidaba la puerta de la habitación para que no entrara nadie. Ella hacía todo lo que yo le pidiera, me quería mucho, yo era su única amiga en el mundo y era… tan ingenua. Yo también la amaba, a mi manera, pero la amaba. Elsa fue como una madre para mí, porque la nuestra no estuvo presente desde que yo tenía doce años, eso no podía llamarse madre.


Ese día, al salir de aquella habitación, ni triste ni feliz, Elsa me esperaba sentada en el piso, leyendo un libro -¿Quién lleva un libro a una fiesta?- no pude evitar sonreír y supe que las hermanas Gutiérrez, Elsa y Lucía, seríamos inseparables. También aquella noche fue la última que pudimos salir juntas.


Nosotras éramos de una familia de clase media, vivíamos en Cali en el barrio Aranjuez, mi padre era profesor universitario y mi madre era modista. Ella, mi madre, era una mujer dedicada a sus hijas y a su esposo, era ahorrativa, no gastaba un peso en ella, mantenía la casa como una tacita de plata. Era estricta, pero al mismo tiempo era amorosa con nosotras. Sin embargo, nunca vi una caricia entre ella y mi padre.


Quizás por eso, o quizás no, mi padre nos abandonó en 1982, cuando yo tenía doce años. Mamá nos dijo que a papá lo habían trasladado a Bogotá, que el puesto era muy bueno y le doblaban el salario. Vendría a visitarnos de vez en cuando, porque no se podía gastar tanto en los pasajes. Lo que no dijo mamá en ese momento y que años más tarde nos enteraríamos, era que papá se iba tras una profesora de historia que conoció en un encuentro nacional de la universidad y que vivía en Bogotá. Sin pensarlo dos veces, papá solicitó el traslado y se lo dieron.

Papá solo nos visitó dos veces en varios años, la primera fue cuando yo cumplí quince años y la segunda cuando Elsa se graduó del bachillerato.


Elsa y yo siempre fuimos muy diferentes, yo era amiguera, me encantaba la bulla, la música, bailar. A ella le gustaba estudiar, leer, ir a la iglesia, no tenía amigos, era tímida, hablaba poco. Así, cuando papá se fue yo me refugié en mis amigos y ella en los libros.


Mamá lloraba todas las noches, ella creía que nosotras no nos dábamos cuenta. Empezó a comer a todas horas, al principio nos pareció un comportamiento normal. Luego, horneaba tortas, galletas, pan, preparaba postres, que devoraba casi todos ella. Nosotras comíamos un poco y cuando íbamos por más ya no había nada.


Mamá ya no lloraba en las noches. Ahora, trataba de estar ocupada todo el tiempo, dejó de coser para cocinar. Harina y azúcar eran los principales ingredientes de sus creaciones. Con este ritmo de vida, pasó un año en el cual yo no paraba en casa, siempre estudiando donde una amiga, en clase de danza o jugando basquetbol en las canchas panamericanas. Cuando me di cuenta de la realidad de mamá, fue tarde.



Continuará...






La lectura es un espacio que nos damos para que nuestro cerebro se estimule. No necesitas leer un libro de 300 páginas, ¡No!, por lo menos, no al principio. Si no eres un lector recurrente, inicia con pequeñas lecturas. Mi proyecto en El Blog de Mildred, se orienta a lecturas o historias cortas que te atraparan, y si te enganchas leyendo mis relatos, acabaras por leer libros enteros, y no solo leerlos, sino a disfrutarlos.


Mildred Niño