Serenidad




Hoy me he levantado más tarde que de costumbre, el sol entra por el gran ventanal de la habitación iluminándola sin contemplación. Mi esposa ya trajina en la cocina, desde aquí puedo escuchar sus pasos lentos y sin prisa. Debe estar preparando el desayuno, algo ligero y nutritivo, por aquello de la diabetes.


Salgo de la cama, me doy una ducha rápida y voy a caminar treinta minutos por la playa, como todos los días. Siento la brisa que roza mi rostro, siento los rayos del sol en mi piel, siento la arena bajo mis pies. A mi edad, disfruto de todo como si fuera la última vez.


La mañana transcurre tranquila al ritmo del vaivén de las olas, que se alcanzan a escuchar desde la casa. Este recinto que conseguimos junto a mi esposa para nuestro retiro, luego de más de cuarenta años de trabajo. Nuestros hijos nos visitan de vez en cuando y somos felices escuchando las risas de los nietos.


Busco mis gafas para poder continuar con la lectura de El murmullo de las abejas, esta historia ubicada en el México de inicios del siglo XX me cautivó desde hace muchos años. Esta es la quinta vez que lo leo. No encuentro las gafas, me siento un poco contrariado.


En la tarde me siento en la mecedora a escuchar boleros, a mi esposa le encantan. Aunque hoy la noto un poco melancólica, no los tararea como de costumbre. Eso suele ocurrirle cuando está preocupada por algo. Nada como acompañar estas tonadas lentas con un buen vino, pero solo una copa. «¿Dónde habré dejado esos lentes?». Mi esposa parece leerme el pensamiento y responde en un susurro: “¡Ay!, Antonio”, dejando escapar un suspiro.


La tarde está finalizando y sigo sin encontrar las gafas, me hacen mucha falta. A pesar de eso puedo disfrutar del ocaso, es una pintura hecha realidad.


Me dirijo a la cocina para preparar la cena y alguien toca a la puerta. Entonces, cambió de rumbo y presto voy a abrirla. Es un señor vestido con un esmoquin color plateado, parece muy fino, un poco estrafalario para mi gusto, sin embargo a él le sienta bien. Me pasa un documento sin decir nada. Lo agarro, intento leerlo en un acto reflejo y recuerdo que no tengo las gafas.


—Disculpe, es que no puedo leer sin mis gafas.


El hombre sonríe inundando todo el espacio de una serenidad infinita y me dice: “No se preocupe a dónde vamos no las necesita y ya se nos hizo tarde”.







Con el tiempo, la madurez llega, la calma toca a la puerta para darle paso a la paz interior



Tener serenidad es actuar ante cada circunstancia con tal madurez, pero a la vez con gran convicción sintiendo una paz interior así logramos esa combinación perfecta que va de la calma a la reflexión, de la paz interna a la prudencia. Más que una actitud es una habilidad que adquirimos con el tiempo, con esa sabiduría meditada que llega con la experiencia. No todas las personas la adquieren, es evidente, pero sin duda alguna, es una herramienta en la que deberíamos trabajar.


Como bien sabemos, no siempre es fácil asumir este enfoque, esa visión tan particular. Al fin y al cabo, lo opuesto a la serenidad es el nerviosismo y la ansiedad, eso que ahora mismo cohabita con nosotros, llenando de ruido la mente y de miedos nuestro descanso nocturno.


Recordemos que la mente ansiosa engaña, nos hace pensar lo que no es, ve amenazas en casi cualquier sitio (cerebro alerta) y nos obliga a actuar por impulso (cerebro reptiliano).


Tener serenidad puede describirse básicamente como ser capaz de actuar con calma ante situaciones complicadas. Pero cuidado, alguien sereno no es una figura que se mantiene distante de aquello que le rodea, no es actuar con frialdad emocional o con indiferencia.


El ser humano tiende a ser más feliz en la vejez que en la juventud, porque con la edad el tono de las emociones pasa de negativo a positivo, los sentimientos se vuelven menos activos (agitados) y más pasivos (serenos). La combinación de ambos factores propicia que los mayores sientan paz, calma, satisfacción, serenidad y alivio más a menudo que los jóvenes.


Ahora, sin importar que tanta edad tienes tanto física como mental, lo importante es trabajar en herramientas que nos lleven a actividades que nos permitan manejar las emociones, los sentimientos y lograr actuar con calma, con serenidad ante la vida. Para ello, existen personas capacitadas en este ámbito, no dudes en acudir a estas personas, llámense amigos, hermanos, psicólogos, como lo definas, lo importante es que nunca te sientas solo ni presionado, siempre teniendo el control de tu vida y actuando con la paz y tranquilidad que se encuentra en tu interior.


El mundo está cambiando muy rápido y hay muchos factores exteriores que pueden afectarte, es por esto que debes estar preparado para afrontar la adversidad con la mayor tranquilidad posible y esto se logra, practicando, meditando, hablando.



Tanto la música como los colores, nos ayudan en la vida a lograr una relajación mental y una plenitud espiritual. La serenidad llega sin darte cuenta. Experiméntalo!!


Relájate, cierra los ojos y trata de tener la mente en blanco, solo escucha el agua correr y los sonidos alfa y omega en cada melodía del video.