Un Favor para Emily




Mi amiga Emily me ha pedido el favor de cerrar su casa, pues la va a vender. Me ha explicado que a su edad ya no puede mantener una casa tan grande, además es hora de cambios en su vida.


Hemos sido amigas desde que ella tenía cinco años, era una niña alegre, bulliciosa y muy perspicaz. Le gustaba jugar conmigo siempre, era una costumbre reunirnos todas las tardes y disfrutar de la hora del té o tomar el sol en verano junto a un vaso de limonada. ¡Qué buenos tiempos aquellos!


Empiezo por guardar las cosas del primer piso, en la sala encuentro algunas fotografías y revistas viejas. Lo grande como el televisor, los sillones y la alfombra serán responsabilidad de una empresa de mudanza. Emily me ha dicho que yo debo encargarme únicamente de las cosas que tienen un valor sentimental para ella, bueno y para mí. Ambas compartimos esta casa por mucho tiempo y fuimos felices en ella.


Continúo en el estudio, al frente de la entrada se encuentra el escritorio, con su respectiva silla negra, hay un laptop, un pequeño oso de peluche y una lámpara en forma de terrario encima del escritorio. Las paredes solo son adornadas por un cuadro de Andy Warhol, se trata del Shot Marilyns, donde obviamente está pintada Marilyn Monroe. En este sitio Emily me contó sus más íntimos secretos, lo recuerdo como si fuera ayer. Empaco las cosas del escritorio y el cuadro. Hay pocos libros y muchos discos, los recojo todos y cuidadosamente los meto en una caja.


Prosigo con la cocina, donde hay todos los electrodomésticos requeridos por un buen chef, sin embargo ni Emily ni yo lo somos. Pero hacíamos el intento. Estos se quedan acá, solo me interesa un cuadro tejido por la mamá de Emily, que dice: Bienvenidos a nuestra casa.


En el patio teníamos un asador, ese lo dejaremos aquí, es un poco grande y Emily no puede llevarlo a dónde va. Y yo aún no sé a dónde iré.


El reflejo de las nubes se puede ver en la piscina, donde pasamos horas con amigos y familiares, riendo, jugando, viviendo.


Un sentimiento que hasta ahora no había sentido me embarga, es como una punzada en el estómago que no me deja respirar con tranquilidad. Creo que Emily me había dicho que se llama tristeza o melancolía, no lo recuerdo bien ahora. Una lágrima se asoma en uno de mis ojos, trato de controlarme y continuo hacia el segundo piso.


Allí está mi habitación, era muy grande para mi sola, pero siempre la pude compartir con otras amigas y con Emily, por supuesto. El closet es un sueño, lleno de vestidos, zapatos y accesorios. Me tomó bastante tiempo recoger todo lo del closet, es que por cada prenda que doblo, los recuerdos brotan a borbollones. Que si lo use para una cena especial, para un cumpleaños, que si estos zapatos verdes me los regalo Emily, que si este bolso fue el que llené de dulces para ir al cine. Cuando al fin termino, me dirijo a la habitación de los huéspedes.


En este cuarto hay dos camas sencillas, una silla con una mesa pequeña y un closet, en el cual hay toallas, pijamas y unos pocos vestidos de fiesta. Algunos de ellos los usé para unas galas memorables. Sólo empacó los vestidos.


Subo una escalera en caracol que llega a la terraza, allí Emily hizo una especie de solárium, puso dos sillas plegables, una mesa y siempre una jarra con alguna bebida. De este sitio no nos llevaremos nada.


He concluido el trabajo encargado por mi amiga, terminé con un poco de dolor de espalda y un poco apesadumbrada. Es una lástima que no pueda acompañar a Emily a dónde ella va.


Oigo una voz que grita algo, es Emily.


—Mamá ya terminé de empacar la casa de muñecas para que se la regales a alguna niña. Alice, mi Barbie favorita, se quedará acá en mi cuarto. Por favor me la guardas.






Espero tengas un grandioso día o una hermosa noche. Mis mejores deseos para tí.



- Mildred Niño