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Mildred Niño

El secreto del manantial



Susanita vivía en una vereda llamada La Inequidad, en el centro del Casanare, era un lugar muy pobre, a dos horas a pie del pueblo más cercano. La familia de Susanita vivía de la siembra de arroz, pero ganaban apenas lo suficiente para cubrir algunas necesidades básicas, ella con 10 años era la mayor de cuatro hermanos y debía caminar una hora para llegar a la escuela. A pesar de todas las carencias que tenían, Susanita era una niña alegre e inteligente, tenía grabado en su mente, lo que su madre siempre le repetía, «estudia, porque es lo único que te ayudará a ser una mujer independiente y a salir de pobre».


El más pequeño de la familia pronto cumpliría 5 años y estaba pidiendo de regalo una torta, la anhelaba desde que vio un cartel en la tienda de la vereda, en este se observaban varios niños riendo alrededor del cumpleañero, quien soplaba unas velas encima de un pastel. En su casa esto nunca sucedía en los cumpleaños, por lo que todos los días en el desayuno hacía alusión a la torta. Los padres de Susanita no tenían suficiente dinero para comprarla, ella los había oído hablar la otra noche, definiendo que lo único que podían regalarle era un amasijo de maíz que la propia madre haría.


Susanita amaba mucho a su hermanito, así que después de mucho pensar, se le ocurrió la idea de vender limonada y reunir el dinero necesario para la torta. Como cerca de su casa había un manantial, consideró que iba a usar esa agua para hacer las bebidas, ella había visto en la escuela que el agua de este tipo de fuentes era la mejor y más pura. Dicho manantial era conocido por muy pocos y casi nadie iba por esos lados, por lo que era perfecto para el propósito de Susanita, pues ninguna persona le pondría problema si ella la tomaba.


El fin de semana tan pronto terminó sus labores, Susanita se fue al manantial con una gran tinaja, de las que se usa para almacenar leche. Estando allí, mientras recogía el agua, sintió que alguien la observaba, miró para todos lados, pero no vio nada fuera de lo normal. Al voltear para coger la tinaja, noto que a su lado había una especie de hombrecillo más bajo que ella, con unas orejas extrañas como en espiral y con el cuerpo cubierto de hojas. Susanita quiso salir corriendo, pero no podía dejar el recipiente con el agua, se armó de valor para agarrarlo y salir corriendo, pero en ese momento la extraña criatura le habló.


—Susanita, no te asustes, soy el guardián de este manantial, no voy a hacerte daño—dijo la criatura.


Del susto Susanita no pudo mover las piernas y sólo atinó a decir —¿qué eres? —.


—Soy un duende protector, se me ha asignado cuidar este manantial y su secreto. Debo procurar que se mantenga limpio y no dejar que se extinga—contestó la criatura.


—Yo no voy a ensuciar el agua—se apresuró a decir Susanita.


—Debo hacerte una pregunta para que te puedas llevar el agua que has tomado. Dime para qué la vas a usar—dijo la criatura.


Susanita le explicó lo del cumpleaños de su hermanito, que sus padres no tenían dinero y que ella pensaba hacer limonada para vender y reunir el dinero para comprar la torta.


—Es un motivo muy noble y habla muy bien de ti, puedes llevarte el agua—dijo la criatura.

Susanita tomó la tinaja y se disponía a irse, cuando de repente, un humo blanco apareció delante de ella, si, era esta criatura.


—Sabes, este manantial es muy especial, su agua contiene algunos ingredientes diferentes, ese es el secreto—dijo el duende.


—¿Diferentes? ¿Pero no serán malos? Sino no podré usar el agua—respondió Susanita.


—Nada de eso, por el contrario, son ingredientes muy especiales—dijo el duende. Se acercó a la oreja de Susanita y le susurró tres palabras—Ahora puedes irte— añadió.


Susanita se fue a su casa, pensando en aquellas tres palabras que el duende le había dicho, no comprendía cómo el agua podía contenerlas. En su clase de ciencias, la profesora había explicado que el agua estaba compuesta por dos bolitas de hidrogeno y una de oxígeno, nunca mencionó otros ingredientes.


Susanita hacía la limonada los fines de semana e iba a venderla al pueblo, la gente que la tomaba decía que era deliciosa y que sabía a gloria. Cuando las personas la tomaban sentían una grata tranquilidad, se volvían más amables, generosas y hasta más correctas. La limonada empezó a hacerse famosa entre la gente de otras veredas, por lo que en solo un mes Susanita ya había reunido lo de la torta y le alcanzó hasta para comprar un pequeño tractor de juguete. El cumpleaños del niño fue todo un éxito y fue uno de los días más felices de la familia.


Entretanto, en el pueblo y las veredas aledañas la gente empezó a cambiar, con pequeñas acciones las cosas iban mejorando, la gente se ayudaba entre sí. Se dispuso una ruta escolar para aquellos niños que vivían en las veredas, los campesinos recibieron entrenamiento para mejorar sus cosechas, implementar nuevos cultivos y se les dio capacitaciones en nuevos artes y oficios. Por primera vez en mucho tiempo el presupuesto local alcanzó para dotar las escuelas, el hospital y mejorar algunas carreteras. La prosperidad se asomó por primera vez a La Inequidad.


Cuando Susanita terminó el bachillerato, tuvo el honor de dar el discurso de graduación debido a que fue la mejor de su clase. Mientras lo escribía, recordó las palabras que el duende le había dicho años atrás y fue en ese momento cuando comprendió el secreto del manantial. De pie frente a todos los asistentes, Susanita daba su discurso con gran actitud, puntualizando «Es un honor ser parte de una generación que vivió un cambio de actitud en nuestra región, lo que conllevó a un mejoramiento en la calidad de vida de todos nosotros, graduandos los invito a continuar por este camino y sembrar las semillas de empatía, educación y justicia, tres pilares necesarios para la prosperidad de cualquier sociedad, felicidades». El público ovacionó de pie a la futura ingeniera agrónoma.




Palabras: Inequidad - Manantial

Quien Postulo: Susana

País: Perú







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